María del Mar Morales
Health coach - Esp. en Nutrición
Última actualización: 7 julio, 2020
El embarazo es una de las etapas más emblemáticas en la vida de las mujeres y, aunque se trata de un evento maravilloso, también requiere de múltiples cuidados, dentro de los que se destaca el contar con una alimentación adecuada.
Y es que llevar una dieta balanceada, además de mantener fuerte a la madre, también contribuye al crecimiento adecuado del bebé que se desarrolla en su vientre.
Es por ello que las mujeres embarazadas deben prestar especial atención a ciertos nutrientes y evitar algunos alimentos que pueden afectar su salud.
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¿Qué nutrientes debe consumir la embarazada?

A las futuras madres se recomienda la ingesta suplementos de hierro y ácido fólico desde que planean el embarazo o apenas inicia el proceso.
El hierro previene la anemia de la madre y el ácido fólico influye en la formación del bebé y reduce la posibilidad de malformaciones congénitas como la espina bífida.
El calcio y la vitamina D son también nutrientes esenciales durante esta etapa de la vida, ya que contribuyen a promover y fortalecer los huesos tanto de la madre como del bebé.
El consumo de proteínas también resulta fundamental para la formación de estructuras corporales en la madre como la placenta, así como para el correcto desarrollo del feto
Los hidratos de carbono y las grasas tampoco deben ser dejados a un lado ya que constituyen la principal fuente de energía que necesita la madre para mantenerse saludable. Se recomienda el consumo de carbohidratos complejos y grasas insaturadas.
El magnesio, la vitamina C y vitaminas del complejo B también son nutrientes imprescindibles para que la mujer gestante sea provista de todos los requerimientos básicos necesarios.
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¿Comer por dos?
La idea de que en el embarazo se debe comer por dos es un mito bastante extendido, pero equivocado. Las mujeres embarazadas deben centrarse en la calidad y no en la cantidad de su alimentación.
Si existe un equilibrio adecuado entre los nutrientes que se ingieren, no habrá necesidad de aumentar la cantidad de alimentos.
Probablemente y como consecuencia de los cambios naturales que trae consigo el embarazo en sus diferentes etapas, la ingesta de alimentos puede aumentar pero no debe ser en más de un 30 %.
El desgaste natural por el cambio hormonal, las alteraciones del sueño y el peso extra que representa el bebé, el líquido amniótico y las reservas de grasa harán que la pérdida de calorías sea entre un 30 % a 40% más elevada.
Fuentes para obtener los nutrientes necesarios.

Algunas vitaminas y minerales son recetadas por el médico, dependiendo de las circunstancias y casos específicos, sin embargo la mayor y más segura fuente de nutrientes debe ser la alimentación.
Elige la mayor diversidad posible de frutas y vegetales frescos, preferiblemente de cultivo orgánico y de temporada. Estos garantizan la adquisición de vitaminas y minerales que contribuyen a la buena salud y funcionamiento del sistema inmunológico.
El consumo de leguminosas ya sea tiernas o secas, como los frijoles, habichuelas, habas, garbanzos, lentejas, maní, soja y otras variedades proveen al organismo de minerales como el magnesio, hierro y calcio, y también aportan proteínas de origen vegetal importantes para la construcción de tejidos y huesos.
Alimentos de origen animal como carnes, huevos, leche, queso y yogurt, deben ser elegidos con cuidado, procurar que sean bajos en grasa, preparados con poco aceite (de oliva preferiblemente), reducidos en aditivos y en porciones adecuadas.
Es importante recordar que las grasas trans y azúcares libres aumentan peso innecesario, bajan las defensas y pueden incrementar el riesgo de diabetes gestacional.
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